¿ QUÉ SE SIENTE AL CRUZAR LA LÍNEA DE META ?

¿Qué se siente antes de cruzar la línea de meta?

¿Qué se siente?
– se siente calor –
Se siente fatiga, se siente desconcierto, se siente agonía, se siente la fuerza del mundo aplastando cada milímetro de tu piel, se siente impotencia…
Esa impotencia es la consecuencia de tantos kilómetros, de tantas horas corriendo, de los millones de pasos que ya has dado. Te sientes tan vulnerable que piensas que si algo de viento te golpease en la cara, daría como resultado paralizarse y no conseguir el resultado que tantas horas llevas intentando…

Partes de la línea que marca la salida cargado de energía, con los ojos tan brillantes que parecen dos estrellas, algo en tu cara refleja felicidad, tanto que incluso los demás pueden comprobar que eres feliz. Con el ansia de que den el pistoletazo de salida para poder salir como alma que lleva el diablo en busca de la otra línea, esa que marcará el final de la carrera.
Yo seré raro porque no quiero que eso suceda. No quiero terminar pronto, me gusta la sensación que provoca en mí una carrera de tantas horas. Disfruto cada paso que doy, cada piedra que esquivo, cada arbusto por el que paso la mano para después llevarla a mi cara y conseguir que su olor penetre y pueda tener la sensación de naturaleza y libertad que ello me da.

Cruzarme con otros corredores, algunos me pasan y me siento bien por ellos, a otros los adelanto y me fijo en sus zancadas, en si son buenas o puedo notar su cansancio en ellas.
Cada tramo de la carrera despierta algo nuevo en mí. En las subidas me relajo e intento no perder el paso, bloqueando mi mente para que funcione como un robot diseñado para ello, en los llanos mi mente se distrae contemplando el paisaje y mirando el horizonte, pensando en lo que me depararán los siguientes kilómetros, en las bajadas me aplico al máximo, dejo que mi cuerpo se lance para poder ganar tiempo, metros y para ello empleo toda mi atención, intentando no distraerme y dejando que sea mi cuerpo el que le diga a mi cabeza dónde tiene que colocar el siguiente pie, que sienta mi cuerpo quién es el que manda, dando las órdenes precisas para conseguir casi despegar del suelo.
A medida que pasan las horas mi cuerpo baja sus defensas y es hora de poner en funcionamiento la segunda parte del juego, siendo esta vez la cabeza la reina de la carrera, con ella de mi lado conseguiré continuar largo rato a buen ritmo, será ella la que marque las reglas y sus reglas, empiezan por animar a mis piernas, darle la información necesaria para que estas puedan continuar corriendo, sin preocuparse de nada, solo moviéndolas una detrás de la otra, sin permitir que puedan detenerse sin motivos.

Es la cabeza la que tiene la fuerza para conseguir esta dura tarea. Mi rostro ya va reflejando signos de cansancio y de fatiga. Son mis ojos los que más claro lo demuestran y es aquí donde la cabeza vuelve a tomar las riendas para intentar que se note lo menos posible.

Una sonrisa en la cara no sólo demuestra que vas mejor de lo que en realidad puedas ir, también hace que tu cuerpo lo note y continúe con el buen ritmo que le estoy obligando a llevar.
Miro el reloj demasiadas veces seguidas, tantas que solo pasan metros entre cada mirada. Mi cabeza me hace mirar para otro lado pero mi cuerpo consigue que baje la mirada y repita la faena de mirar el reloj.

Esto es mal síntoma, si necesito mirarlo tantas veces es porque necesito salir de ese bache en el que estoy metido, necesito mirar el reloj y comprobar que ya marca 85 y no los 82 que no paro de ver.-82 kilómetros – pienso mientras me planteo como he sido capaz de llegar hasta ahí.

Son muchos kilómetros los que han pasado, son más de 8 horas las que llevo mojándome la cara, tirando agua por encima de mi cabeza para conseguir que se pase un poco ese calor que siento, son muchas cosas las que ya he pasado y repetido, he repetido atarme los cordones mas de 3 veces, 2 de ellas porque se habían soltado y otra porque yo necesitaba que se soltasen para poder agacharme y darle unos segundos de descanso a mis piernas, me he rascado mas de 25 veces las piernas, picores, reces contra los arbustos, calor.

He colocado mi visera más de 7 veces porque noto que se va aflojando, porque necesito cambiarla de postura, porque necesito pasar mis dedos entre los cabellos mojados por el sudor y por el agua para sentir que mi cabeza respira, son tantos movimientos repetitivos los que ya llevo que cuando repito el siguiente y miro otra vez el reloj puedo ver en el esta vez 89.

Mi cabeza con estos pensamientos ha conseguido pasar ese bache que tanto me estaba acostando y con ello ha conseguido meter en mi cabeza la idea de que solo faltan 11 kilómetros para llegar a la otra línea.
Es ahora cuando siento esa mezcla extraña, esa mezcla de que no me queda casi nada y esa otra de que me falta una vida.

Solo 11 kilómetros y a la vez aún 11 kilómetros.

Mis ojos están tan apagados que apenas puedo mirar más allá de unos pocos metros delante de mí. Mis piernas se mueven tan solo por el instinto que lleva mi ADN, tan solo porque son capaces de hacerlo y porque no necesito pensar en ello para lograrlo.

Si ahora dependieran de la cabeza, se quedarían paradas de inmediato. Mi cabeza se ha aliado a mi cuerpo para abandonar y lo único que puede evitarlo soy Yo mismo.

Soy quien tiene que tomar la decisión de seguir y es lo que voy a hacer. Voy a continuar corriendo, andando o arrastrándome porque no pienso pararme, porque no pienso abandonar, porque no está reflejo en mi el abandono sin causa justificada.

Ya puede pensar mi cabeza lo que quiera, ya puede ponerse mi cuerpo en huelga que te aseguro que voy a continuar porque mientras estamos batallando entre nosotros están pasando los kilómetros y ahora sí, ahora solo faltan 5 para llegar.

En este momento mi cabeza y mi cuerpo pierden la batalla que tenían contra mí para alistarse de nuevo a mis filas y poner en funcionamiento otra vez la maquina.

Encarando los últimos pasos de una llegada que cada vez está más cerca, lo que hace un instante eran unas torpes zancadas simulando correr se han transformado en los pasos con más fuerza que he dado en toda la carrera, levanto la cabeza, mis ojos brillan con mas intensidad que el sol porque estoy encantando de lo que estoy sintiendo, de lo que mi cuerpo está experimentando, que sensación tan formidable.

Los aplausos de los que allí se encuentran hacen que mi cara no deje de sonreír. Mi cuerpo se detiene en seco justo antes de cruzar la línea.

¿Por qué? Porque quiero recordar lo que estaba sintiendo:

¿qué se siente antes de cruzar la línea de meta?

Se siente Felicidad!!

qué se siente al cruzar la línea de meta correrporquesi

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