Una historia real contada por…

Una historia real contada de la mano de cada protagonista. Sus vivencias, sus sensaciones, sus triunfos y derrotas, sus ganas y sus pasiones…

 

B. Barrete (Economianovel.blogspot.com.es)

Seamos sinceros. No me gusta el deporte. Cuando era joven, era pensar en llegar a casa y tener que agacharme a quitarme el zapato y entrarme el sudor frío. Como en alguna ocasión le dije a algunas personas, “hoy voy a hacer una abdominal, para quitarme el zapato y basta“. Y muchos días ni eso.

Para mi, no cabía lugar en pensar en acabar una tarde completamente sudoroso y agotado, después de una sesión de entrenamiento. Es más, cuando llegaban las clases de Educación Física en mi época de estudiante, me entraban los 7 males. ¿Correr? ¿Por qué corréis si no os persiguen? ¿Deporte? Eso no puede ser sano…

chuleton-correrporquesi.comHasta ahora, lo más que había corrido era detrás del autobús para no perderlo (y porque me fastidiaba un montón esperar 15 minutos hasta que pasara otro).  Eso sí, la sudada era descomunal.

Había probado muchas cosas: Karate (estuve 3 años), Judo (no llegó a dos semanas), Fútbol Sala (1 temporada y se acabó), Baloncesto (ver todo lo que quieras, pero jugar me agota), Tenis (me aburre pensar en jugar), Padel (¿Qué sentido tiene intentar darle a una pelotita que puede rebotar con una pared?) y así una multitud de deportes.

Incluso, hace 9 años estuve apuntado al Gimnasio. Sí, lo digo tal cual. Estuve apuntado porque lo que es hacer deporte no lo llevaba nada bien… Acabar una jornada de Gimnasio y cargarme una cervecita con una tapita era el mejor premio al “esfuerzo” que hacía. Incluso cuando un buen amigo decidió ponerse en forma yo retomé esos 3 años que había dejado parados. ¡Pero no llegó a 3 semanas!. Al final, el único músculo que acabó desarrollado fue mi estómago.

comida-correrporquesi.comEl único deporte que practicaba era el camino hasta el restaurante más próximo para dar cuenta de una buena chuletita con amigos. Ese era mi deporte.

Al final, pagar y pagar y pagar por no aparecer por la sala de entrenamiento. Esa era mi filosofía. El deporte era para otros, no para mi porque eso no iba conmigo. Totalmente erróneo. Es cierto eso de “Mens sana in corpore sano”.

Pero un 31 de Enero todo cambió. Ese día, el 31 de Enero de 2014, todavía no se muy bien si por inercia propia o por inspiración divina, me puse las zapatillas y me bajé al Gimnasio Hiroshima, el gimnasio que conocía de toda la vida, y re-activé mi ficha de socio. Pensé que como muchos dicen que soy del club del “puño cerrao“, si pagaba un dinero todos los meses por hacer deporte, algún día iría a amortizarlo.

Pero esta vez fue diferente a todas las anteriores. La rutina diaria quedaba completamente rota con un rato de esparcimiento con nueva gente y nuevos ambientes. Un ratito de cinta, un ratito de conversación y un ratito de bici. Y así sucesivamente un día tras otro, hasta que conseguí picarme e incluso hacer buenas amistades en ese recinto que consideraba “el infierno”.

También tengo que decir, que muchos días, entre subir al Gimnasio o quedarme echando una siesta después de trabajar me apetecía lo segundo, pero mi “diablo bueno” me decía que tenía que levantarme, ponerme esas zapatillas de cierta marca de ropa deportiva de “masas”, que por cierto no valen para correr pero son muy cómodas para la vida diaria, y bajar un rato a hacer deporte.

correr-una-actitud

En pocos días noté la diferencia. Tanto en mi actitud como en mi estado anímico. Más relajado pero más “activo” a su vez. Sobre todo con fuerzas renovadas ya que mientras corro no pienso en absolutamente nada. Bueno sí, en no expulsar el hígado por la boca, todo sea dicho…

Yo siempre había pesado en torno a 120 kilos, pero en las últimas semanas me había descuidado un poco más, subiendo esa cifra hasta valores que nunca pensé en alcanzar cercanos a los 130. Y gracias a esos ratos de desconexión en el Gimnasio, exactamente 6 meses después puedo decir que estoy rozando los 110. 18 kilos menos y sobre todo, un tono físico que comparado con el inicial, no tiene absolutamente nada que ver.

hamburguesa-fontana-cafeEso sí, el deporte que más sigo disfrutando es el irme de tapas con mi pareja, tomarme unas cervezas con los compañeros de batallas, una barbacoa con amigos o calzarme un chuletón entre pecho y espalda. Porque hay muchas cosas que jamás cambiarán. Y si va acompañado de un pincho de tortilla…mucho mejor.

 

 

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