UN DOMINGO CUALQUIERA

Habíamos quedado temprano. No recuerdo la hora con exactitud pero supongo que sería sobre las 9 o 9:30 en Carranque.

Recuerdo sentarme en el coche con los pantalones cortos y sentir frío. No estaban siendo unas noches demasiado frías pero a esas horas y con apenas unos minutos de haberme duchado, mi cuerpo tenía la piel de gallina.

Escasos 9 kilómetros separan su pueblo del mío y tarde relativamente poco en llegar, creo que a la calefacción del coche ni si quiera le dio tiempo a calentarse.

Aparque en su puerta y le vi a unos metros de distancia, vestido de deportista y paseando a sus perros. Un pantalón corto a juego con unas perneras de color negro, camiseta de color naranja de manga larga Mizuno y una gorra del mismo color que los pantalones, recuerdo perfectamente porque su ropa porque yo se lo había regalado.

Mi atuendo para ese día había sido una camiseta técnica como la suya pero de color negro y verde, pantalón corto y perneras también de color negro. Llevábamos las mismas zapatillas. Vestidos de Mizuno, vestidos de hermanos.

Mientras terminaban los perros de hacer su paseo matutino nosotros charlamos amistosamente, de todo y de nada, de mil cosas con sentido y de otras mil sin ninguno. Cerró la puerta del garaje dejando los peros dentro, le di la llave del coche para que la dejase en casa y así no me molestase mientras corríamos.

En la cabeza teníamos la próxima cita. Pensábamos en Peñalara. Carrera de 60 kilómetros por la sierra de Madrid con subida a su cima más alta.

Puede que al final no se hubiese animado a correr conmigo o que le hubiese surgido algo pero durante nuestros entrenamientos algo había cambiado en su interior, tenía muchas ganas de correr a mi lado y para mi era lo mejor del mundo, correr a su lado no tenía precio por un millón de motivos.

Motivos que hacían que me aplicase y entrenara con ganas. Habíamos salido del pueblo y con ello del asfalto, entrando en un camino duro, muy usado por vehículos. Poco a poco íbamos dejando atrás la civilización para adentrarnos en caminos solitarios, caminos de buenas conversaciones, nos dejábamos llevar y parecía que volábamos por ellos.

Cruzamos un puente, apenas se dio cuenta, me decía que íbamos muy rápido pero se encontraba cómodo, corría a una velocidad alta porque le estaba dando la chapa y poniéndole la cabeza como un piano con mi charla continua, en realidad lo hacía precisamente para eso para que se olvidase de donde estaba y solo moviese sus piernas.

Tenía que prepararle para poder aguantar la exigente carrera de Peñalara.

Una bajada pronunciada nos adentró en un lugar mágico, un lugar entre pinos. Ahora mismo, mientras estoy escribiendo, voy recordando perfectamente el sonido de nuestras pisadas sobre las Acículas, hojas puntiagudas que caen de los pinos y que tenían cubierto por completo el camino. También recuerdo perfectamente el olor que allí, los dos solos, estábamos experimentábamos.

el último domingo correrporquesi

Salimos de ese hermoso lugar que por siempre ha quedado grabado en nuestras cabezas, llevaríamos unos 7 u 8 kilómetros.

Se estaban haciendo muy cortos gracias al buen royo y a el ambiente tan perfecto que se había creado a nuestro alrededor.

La mañana no era demasiado fría, el sol no había aparecido pero la ropa que llevábamos nos estaba manteniendo calientes.

Al salir del pinar nos colamos por un camino que los dos sabíamos  que no era el apropiado pero en realidad nos daba lo mismo ya que no teníamos pensado por donde iríamos, que cantidad de kilómetros recorreríamos y cuando dejaríamos de correr. nuestro último domingo, correrporquesi

Como decía el camino no era el adecuado ya que nos dimos de bruces con un sembrado.

Nos paramos, nos miramos y se dibujaron risas en nuestras caras al contemplar donde estábamos.

¿Dónde coño estamos y como coño se sale de aquí?, risas y más risas, nos contagiábamos el uno al otro de aquella situación.

Salir de allí era de dos únicas formas; desandar lo andado o continuar por el sembrado. Decidimos continuar, malcorríamos por aquel campo lleno de trampas producidas por matorrales y surcos hechos por los tractores que unos días antes tendrían que haber estado allí.

nuestro último domingo, correrporquesi

Era el quien iba retratando con su móvil estos momentos de domingo. Domingo inolvidable.

Cuando pudimos salir de allí dimos con una carretera, teníamos que atravesar un riachuelo seco para poder llegar a ella. Supongo que habríamos recorrido unos 17 kilómetros.

Habíamos regresado al pueblo sin saber muy bien por donde, la cuestión es que estebamos allí y sabía que el no tardaría mucho en decirme que ya tenía suficiente por ese día.

Intenté engañarle corriendo lo más lejos posible de su casa pero ya se ocupaba el de elegir las calles apropiadas para conseguir el efecto contrario.

Llegando a un polideportivo donde se estaría celebrando algún partido de fútbol de chavales, escuchábamos gritos de adolescentes. Fue allí donde puso el final de su carrera de domingo, el sabía que yo quería continuar pero yo sabía que lo tendría que hacer solo.

Recorrí unos 9 kilómetros más en solitario, durante ese recorrido no me percataba de lo que sucedería, me limitaba a correr pensando en mi próxima cita con la montaña.

Tenía ganas y esta sobrado de fuerzas y de ilusión. Dí una vuelta entre casas y caminos. Regresé por la carretera, era la manera más rápida de llegar hasta el coche, las ganas se habían ido apagando ya que la conversación, la buena conversación se había terminado. Continuaba corriendo sin saber realmente lo que era el silencio.

Ya en la puerta de su casa, llamé al timbre y tardó apenas unos segundos en abrirse de nuevo la puerta del garaje. Salió duchado y con ropa limpia. Los perros también salieron a la calle, estábamos allí el y yo otra vez, los dos solos en compañía de los cuadrúpedos.

Comentamos sobre los últimos kilómetros que había corrido en solitario, le dije que habían sido largos en comparación de los anteriores en su compañía. Terminamos la conversación y nos despedimos con un par de besos y un “luego te veo”.

Monté en el coche, puse la calefacción  para no quedarme frío y salí del las calles de su pueblo. Ya en la carretera, sólo, sin música, pensaba en el silencio.

Ese silencio que sin darme cuenta sería mi compañero de viaje para el resto de mi vida, porque como decía unas líneas atrás, no me percataba de que ese silencio se iba a quedar en mi vida para nunca marcharse.

Atrás estaba quedando una estupenda mañana de domingo, unos kilómetros de risas y de cariño.

Un momento mágico creado por alguien para nosotros, especialmente para nosotros, para dos hermanos, para dos amigos, para dos compañeros, para dos hermanos.

 

Esta había sido sin saberlo, nuestra última carrera.

 

Pensábamos en Peñalara, en correr allí juntos y allí decidí llevar un poco de el, dejandole contemplar lo más bonito de Madrid, haciendo con ello que ese lugar sea mágico para mi, para nosotros.

Allí, tan alto como está casi se puede rozar el cielo.

Allí. Cuando subo y grito su nombre, que quizá pueda escucharme.

Muchos dicen que  hay un antes y un después de correr conmigo, creo que ahí reside todo. Creo que ese domingo cualquiera fue el culpable de ese antes y después de correr conmigo, es en ese domingo donde todo estaba empezando a cambiar y donde no me percaté hasta que fue demasiado tarde.

De haberlo sabido o de haberlo intuido hubiese cambiado de conversaciones. Le hubiese dicho una y mil veces lo mucho que me gustaba correr con el y que sin el ya no es ni será lo mismo. Pero entonces ya no hubiese sido el mismo domingo.

Esta vida nos tiene preparados un futuro incierto, un futuro que no podemos imaginar, un futuro que tan solo podemos esperar, un futuro que tan solo podemos soñar…

 

Esperaremos nuestro futuro.

cuento de navidad, correrporquesi

 

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4 comentarios sobre “UN DOMINGO CUALQUIERA

    1. Hola Raúl soy Jose. Acabo de terminar de leer esta entrada de tu blog tal como hoy te dije que haría… Tengo el alma ahora mismo encogida. Tus palabras y la forma de expresarte dicen mucho de ti. Qué bonito como describes cada detalle de aquel momento que te caló tanto. No tuve la suerte de conocer a tu hermano, pero estoy seguro de que te estará dando siempre las gracias por el amor que le diste y le darás siempre, simplemente gracias por ser parte de él. Hablas de que ahora te toca correr solo pero yo creo que eso no es del todo cierto, seguro que él siempre te acompañará y estará ahí contigo a tu lado en cada carrera que hagas, tanto deportiva como personal de tu vida. De lo que os conozco a ti y a Vero me quedo con lo buenas personas que sois y la vida seguro que os devolverá todas esas cosas buenas de un modo u otro. Sigue tu sueño y sigue siendo así, eres grande. ¡Un abrazo muy fuerte!

      PD:Después de leer ahora soy yo el que tiene ganas de salir a hacer running 🙂

      Nos vemos pronto.

      Jose.

  1. Cuesta expresar todos los sentimientos que se acumulan a la vez al leer esta crònica Miles de cosas Pasan por mi cabeza sin ser capaz de poder expresarlas y es algo parecido a lo que me paso con ¿A qué suena el silencio? Reflexionando pienso que claro que si supiera lo que va a pasar diria o haria muchas cosas que en el dia a dia se me escapan. No se cual sera mi ultima carrera pero si que en cada una de ellas pongo todo mi corazón y eso hace que sienta esa satisfaccion y la ilusiòn de empezar una vez más.. Muchas veces corro con ese silencio que describes y Le grito a esa ausencia por no estar ahí por hacer mucho tiempo que no esta en mi vida pero otras muchas miro al cielo y Le sonrio..
    Tambien espero mi futuro incierto y sueño con cosas bonitas todos los dias Pq muchas veces esos sueños se hacen realidad☺️
    Besos desde Barcelona😘

  2. Estás seguro de que corres solo? Yo creo que no, que nunca correremos solos. Siempre tendremos un rato para esa pequeña conversación, aunque solo sea una palabra, una frase, que llevamos tiempo con ella en la cabeza o que tal vez ese día, ese momento, nuestro cuerpo hace que digamos mientras corremos. Porque digo yo, ¿en realidad salimos a correr o corremos porque queremos llegar a una cita?. Solamente, y tu lo sabes muy bien, corremos porque si. Porque lo necesitamos, porque es nuestro momento y nuestra pequeña cita. Las cosas no se prevén, por eso le llaman futuro. Hacemos las cosas conforme nos dictamina el cuerpo sin pensar en el mañana. Eso el la vida. Esa cosa a la que ahora nos toca enfrentarnos. Esa batalla diaria que nos ha enseñado a no quedarnos con nada en el bolsillo porque sabemos como es el futuro. Futuro incierto al que nos enfrentamos respaldamos por un pequeño angelito. Esa es nuestra baza para continuar luchando. Pero luchando para ganar.
    Besos y abrazos, amigo

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