CUENTO DE NAVIDAD

Para la última entrada del año os dejo la crónica de una carrera que nadie conoce, nadie sabe de ella, nunca le he dicho a nadie que la corrí pero siendo el día que es hoy, con apenas unas horas para terminar el año os quiero hacer participes de ella. Feliz año nuevo a todos.

 

Cuando dieron el pistoletazo de salida nos lanzamos como dos locos sin conocimiento cuesta abajo para ganar posiciones. Deseosos, como perros enfurecidos, lo único que nos diferenciaba de esos perros era que nosotros no ladrábamos. Habíamos pactado que sería así, lo daríamos todo en cada momento de la carrera, si era en plano iríamos a tope, si bajábamos  como ahora hacíamos iríamos hasta que nos diese la sensación de poder tropezar porque nuestro ritmo fuese mas veloz que nuestras piernas. Si nos encontrábamos subiendo no dejaríamos de mover las piernas, ya fuese duro o no habías pactado que esta carrera sería así.

Más de dos meses y medio preparando esta carrera. Entrenando los lunes en la sala un circuito de pesas mezclado con la zona core, algo más de una hora a un ritmo medio alto. Los martes y jueves tocaba piernas y no las descuidábamos ni un poquito ya que es la clave de las carreras de montaña. Los miércoles tren superior a un nivel muy fuerte, prestando atención en los ejercicios básicos y trabajando con el máximo de peso posible. Viernes y sábados corríamos en cinta y continuábamos con carrera en la calle. Para los domingos dejábamos la carrera libre donde salían las buenas conversaciones y los buenos momentos entre los dos. Era este día nuestro verdadero día de entrenamiento, era donde salía nuestro verdadero estilo de carrera, correrporquesi.

Cuando miro mi reloj ya habíamos recorrido casi 8 kilómetros, íbamos tan rápido y tan pendientes de que el ritmo no bajase que se habían pasado volando. -Que fuerte esta este cabrón- pensaba para mi porque me costaba cogerle en ciertos momentos, era en las bajadas donde aparecía mi magia le recuperaba los metros que me estaba sacando. -Vamos chaval, que te pesa el culo- ahora era el quien me gritaba en el oído cada vez que se acercaba a mi en las subidas, me cuestan las cuestas!!

Me pregunta por la posición que llevamos, -creo que seguimos terceros- le respondo, -en realidad yo seré el tercero y tu el cuarto-, bromeo con el.

Seguimos serpenteando por los caminos polvorientos, huele campo y el calor empieza a notarse en exceso, más por el ritmo que continúa siendo muy alto que por el por la temperatura que no creo que pueda superar los 18 grados.

Hemos llegado al kilómetro 25, sobrepasando en 5 su ecuador. Regularemos un poco el ritmo y guardaremos fuerzas para los 7 últimos kilómetros ya que se hacen en una bajada constante y es ahí donde pretendo exprimir al máximo nuestros cuerpos aún apenas doloridos.

Damos alcance al segundo cuando apenas son faltan 12 kilómetros, veo difícil poder adelantar al primero pero entre los dos sacaremos las fuerzas de donde sea y seguiremos luchando, somos así, luchadores por naturaleza, no dejaremos de seguir por mucho que nos duelan las piernas o por muy cansados que estemos, seguiremos luchando hasta el final.

Nos esta costando engancharnos al segundo, esta última subida nos está machacando, que dura es la jodida. Paso a paso seguimos subiendo, sin descanso, miro atrás y no veo a nadie, es una lucha entre nosotros dos y ese chico vestido de color negro. -Dale un poco más que casi estamos arriba- le digo con un tono de voz bajo, se entrecortan mis palabras por el esfuerzo pero el me entiende perfectamente y se aplica en hacerlo.

A falta de unos 300 metros para llegar a lo más alto de la montaña, también es lo más alto de la carrera, hemos conseguido pasar al segundo. -Toca disfrutar- me salen las palabras sin pensar, llega la bajada y es ahora cuando quiero dar el tope de mi y hacer que el de su máximo. Nos lanzamos salvajes, sin mirar atrás, sin pensar, solo colocamos un pie delante del otro por instinto, por naturaleza, sin miedo a caer, sin miedo al tropiezo, veloces como el viento, ágiles como las gacelas jugando en la sabana. Durante el descenso pienso en las gacelas, su nombre significa; elegante y rápida, es por esto que me acuerdo de ellas, al ver mis pasos firmes impactar contra el camino, con tanta fuerza que levanto polvo en cada zancada.

-Vamos chaval, 3 kilómetros de nada nos separan de la meta-, tan rápidos vamos que a lo lejos puedo ver una mancha de color naranja, una mancha que en escasos metros puedo apreciar con claridad, es el primero y está ahí, a tiro de piedra y por lo que percibo está agotado. Me giro para decirle que ya está, que hemos conseguido cogerle, que vamos a ser los primeros, que vamos a entrar victoriosos por debajo de la línea de meta.

Pero -¿que pasa aquí?- digo en voz alta, -¿donde estás?, -no creo que te puedas quedar atrás en los últimos kilómetros-

Bajo el ritmo, casi lo detengo.

Me paro por completo, miro a mi alrededor y no le encuentro, -no se donde se ha podido meter- pienso mientras desando unos metros.

No le veo.

Es ahora cuando entiendo lo que sucede, no está, no esta corriendo conmigo. Llevo casi 40 kilómetros corriendo solo.

-Pero no puede ser- digo en voz alta, si le he estado sintiendo en todo el trayecto, ha hablado conmigo, me ha animado, yo le he animado a el, hemos bromeado, le he sentido empujar mi espalda en alguna subida y yo le he acariciado la cara en las bajadas.

Ya no se si está pasando esto en realidad o es un sueño dentro de otro sueño. Un sueño que ya dura muchos meses, tantos como 15. Demasiados meses sin el y pensando en el. Con las ganas de volver a verle, de poder sentirle sin tener que despertarme sudando y llorando por su falta. Demasiados meses sin sus risas y sin sus bromas. Demasiados meses poniéndome su ropa para poder parecerme a el, tardando en afeitarme para que cada vez que me miro en el espejo le vea a el, para poder verle una vez más.

 

 

Este es mi cuento de Navidad, un cuento que para mi es real, porque cada día lo sueño, cada instante le recuerdo, cada segundo le siendo a mi lado. Este es mi cuento para todos vosotros. Para que disfrutéis de cada instante al lado de los que más os quieren, de los que más queréis, para que viváis la vida y no tengáis que gritarle al cielo. Porque es mejor decir que pensar en decir. 

cuento de navidad, correrporquesi

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3 comentarios sobre “CUENTO DE NAVIDAD

  1. Feliz año nuevo!! Real lo tranformas y así lo siento al leerlo casi viendo Como correis y disfrutando con vosotros.. Gracias por este precioso cuento de navidad. Y siempre sí!! Porque es mejor decir que pensar en decir. Perque els límits estan dins teu ✨

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