CAMPEONES

No es sencillo enseñar a perder.

Más aún en un mundo como el nuestro donde la competitividad está presente en “casi” todo lo que hacemos, donde parece que ganar es algo totalmente necesario para destacar y donde quedar segundo es haber perdido y pensar así es un gran error.

La base de este error siempre viene de una mala educación social y generalmente familiar porque, si bien es cierto el resultado es la base de la competición, hay que tener en cuenta que no todos los deportes son competitivos, del mismo modo que no todos los deportistas somos competitivos.

Parece que la única manera de entender el deporte es mediante un resultado y afortunadamente somos muchos los que pensamos que hay más. Formulemos 2 sencillas preguntas:

  1. ¿Cuál es tu trabajo?
  2. ¿Eres el mejor en él?

Para responderlas pongamos por ejemplo, el trabajo de camarero. Un padre que dedica entre 8 y 12 horas de su día, de todos los días de su vida a ejercer este trabajo, siendo un profesional cualificado. ¿Es sencillo ser el mejor de Madrid en ello?, ¿de España?, ¿del Mundo?

¿Cómo es posible que una persona que le dedica tantísimas horas de su vida a hacer un trabajo concreto, no sea el mejor en ello? pero más aún, ¿cómo es posible que esa misma persona quiera que su hijo/a sea el mejor en algo a lo que apenas dedicas un puñado de horas a la semana?

 

 

 

El deporte tiene mucho más que ofrecer que un resultado.

Hace ya muchos años, un cambio drástico en mi vida sentimental hizo que tuviese que buscar alternativas para rellenar aún más mi tiempo libre, además de buscar una solución económica en mi vida. No quería ocupar mi tiempo libre dentro locales nocturnos y para ello busqué un trabajo durante los fines de semana.

Trabajaba en la zona de Vallecas (Madrid) y allí donde rellenaba mis horas está la asociación ficticia de la que trata la película recientemente estrenada “CAMPEONES”

Película basada en un equipo de baloncesto formado por un grupo de 10 adultos con discapacidad intelectual y en un reconocido entrenador acostumbrado a ganar.

La película es totalmente recomendable que aborda de una manera muy fina y elegante la discapacidad intelectual llamando las cosas por su nombre. El deporte es el principal escenario de la película y aquí me siento altamente identificado por la manera tan correcta de hacer entender el deporte, sus valores y sus motivos.

Lo que a priori puede parecer un “desastre ” de equipo que jamás podrá llegar a cumplir las mínimas expectativas de saber botar de manera correcta una pelota de baloncesto se torna en todo lo contrario.

Pero este cambio no viene producido por una “magia” que les hará ser los mejores en apenas unas semanas, tan poco por demostrar dotes ocultas sino porque a medida que avanza la película nos vamos dando cuenta de que el deporte es tan solo el medio que utilizan los protagonistas para estar entretenidos, para realizar deporte en equipo y para mantenerse activos ya que cada cual tiene una historia real que no les hace diferentes de otros.

Un entrenador que vive en una zona de confort muy acentuada y que llega a ellos como pago por una infracción cometida.

El entrenador tiene una forma inadecuada de pensar sobre las personas con discapacidad intelectual que por desgracia casa con muchos otros habitantes de nuestras ciudades. Lo que parece imposible no es que los 10 protagonistas sean capaces de ser un verdadero equipo sino que el entrenador sea capaz de cambiar su manera de pensar y tratarles como personas normales, lo que son.

Durante el film existen varios momentos que marcarán a los espectadores, uno de esos momentos me marca personalmente ya que coincide plenamente con mi forma de pensar. Una conversación entre el entrenador (Javier Gutiérrez) y el coordinador del centro y del equipo (Juan Margallo).

Entrenador: mi trabajo es entrenar a jugadores normales. Estos ni son jugadores ni son normales…

Coordinador: ¿quién es normal?. ¿Tú y yo somos normales?

Un argumento muy sencillo que demuestra los valores de las personas, del deporte, que nos hacen ver y entender de una manera muy divertida que, lo de menos es el resultado deportivo.

Una película de gran contenido que no nos enseña nada nuevo y es justo ahí, en su sencillez donde reside el éxito que estoy seguro cosechará.

Quizás me identifique con ella por mi forma de ser y por mi manera de ver el deporte, sabiendo que un resultado es tan solo eso y que en el camino de la competitividad nos dejamos muchas cosas.

Del mismo modo que la fachada de la asociación Vallecana hizo que mi tiempo fuese empleado en otras cosas productivas para mí en aquel entonces, también ha conseguido cambiar la perspectiva respecto al valor de un resultado deportivo pero no me refiero a los 10 integrantes del equipo ya que para ellos está más que claro, sino para un entrenador acostumbrado a ganar.

Haciéndole ver los verdaderos valores deportivos de aquellos que no necesitan ganar…

y poder, una vez que tenemos claros estos valores, intentar ganar que para eso somos deportistas !!

Porque no se puede saborear la victoria sin antes haber aprendido a perder.

Para terminar, quiero destacar otro momento muy importante para mí. Momento en el que uno de los integrantes del equipo con unas dotes baloncestistas altamente destadas, habla haciendo alusión al entrenador, diciendo:

“siempre tendrá discapacidad pero casi hemos conseguido salvarlo”

 

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