¿HASTA DÓNDE LLEGAN LOS LÍMITES DE LA RECUPERACIÓN?

Todo comienza cuando en la clínica en la que trabajamos, a última hora de la mañana entra una llamada de un paciente deportista. Nos comenta que necesita que le veamos; había sufrido un percance realizando deporte hacía apenas 10 minutos.

Al llegar a la clínica, ya sufría gran impotencia funcional e hipersensibilidad a nivel de la zona aductora de su muslo izquierdo. Lo primero que realizamos fue una exploración ecográfica de la zona afectada, y nos encontramos con una discontinuidad de tejido muscular en el tercio proximal del recto interno izquierdo (grácil), aún acabando de hacerla, ya veíamos en el ecógrafo que eso no pintaba nada bien.

 Le recomendamos que siguiera las medidas RICE (Rest-reposo; Ice: hielo; Compression: compresión y Elevation: elevación). Le volvemos a citar ya pasadas las 48-72 horas para comprobar cuál es el alance real de la lesión, ya que la ecografía que hicimos tras el mecanismo lesional (antes de 12 horas) no podía darnos aún un diagnóstico certero.

En la segunda ecografía ya pudimos establecer el diagnóstico. Observamos afectaciones de fibras y tejido conectivo, con aparición de un gran hematoma interno. Se trataba de una rotura fibrilar. La rotura fibrilar se suele producir tras una elongación excesiva del músculo, por contracciones bruscas o por un esfuerzo que supere la capacidad muscular. Se suele reconocer fácilmente con síntomas como dolor repentino e intenso, hematoma externo visible, e incapacidad en el rango de movimiento de esa articulación.

La rotura estaba localizada en el tercio proximal del recto interno, con una superficie aproximada de 2,5 cm, acompañada de una microrrotura fibrilar de menor importancia en el tercio medio del músculo. Podríamos enmarcarla dentro de las roturas fibrilares de grado II graves, ya que no observábamos una desinserción completa del músculo (grado III: indicación de cirugía para repararla). Según los protocolos de práctica clínica y estudios científicos, dichas roturas tienen un pronóstico de 6 a 10 semanas de recuperación, hasta la vuelta al entrenamiento habitual. El ecógrafo con el que le hicimos las mediciones y el seguimiento fue un General Electric – Voluson E10 de última generación.

Citamos al paciente periódicamente para ver cómo se iba desarrollando la lesión, tanto ecográficamente como con pruebas de valoración de fisioterapéuticas. A las 2 semanas observamos de manera incrédula que se había formado prácticamente todo el tejido cicatrizal en ausencia de tratamiento, sólo con las medidas RICE.

La compresión concretamente se llevó a cabo con una malla compresiva Coreevo que ayudó a la recuperación de la rotura gracias a su composición y efecto mecánico sobre la lesión, similar al que ejercen vendajes neuromusculares post-roturas. La estructura de la malla compresiva Coreevo es de panal de abeja (Compress Panel Zone), dicha estructura garantiza ajuste y agarre muscular idóneo al ofrecer una compresión firme en cuádriceps, isquiotibiales y glúteos.

El tratamiento de fisioterapia consistió en las primeras sesiones de terapia manual drenante y ultrasonido pulsátil. Siguiendo con electroestimulación, trabajo muscular activo isométrico, y trabajo propioceptivo. Con esto, conseguimos llegar al inicio de los entrenamientos de manera progresiva. Cabe destacar la diferencia entre la vuelta al entrenamiento y el “return to play” (vuelta a la competición). Antes del return to play el músculo debe ir aumentando la actividad con la vuelta al entreno progresivo, con el objetivo de mejorar fuerza, elasticidad y capacidad de respuesta ante estímulos imprevistos, con esto logramos reducir las posibilidades de recaída.

En el tiempo que transcurra la fase de vuelta al entrenamiento, la acompañaremos siempre de trabajo de fisioterapia, y una vez que llegue el return to play (alta deportiva) comenzaremos con revisiones periódicas de la lesión.

El paciente no tomó ningún tipo de medicamentos desde el primer día de la lesión hasta el último. La indicación por nuestra parte fue que podía hacer uso de algún AINE (antiinflamatorios no esteroideos) para reducir su sintomatología siempre y cuando fuera necesario. La utilización de analgésicos durante las primeras horas tras la rotura sigue siendo objeto de debate, ya que su uso iría destinado a disminuir la fase inflamatoria, cuando parece ser que gracias a las reacciones que se producen en ella se desencadenan todos los mecanismos posteriores de la fase regenerativa. Además, el uso indiscriminado de AINEs que proporcionen analgesia puede tener un efecto enmascarador del dolor, que dificulta el diagnóstico y puede favorecer la recaída.

Podemos destacar en roturas fibrilares de este tipo, que gracias a la unión de todos estos factores se ha tenido una recuperación exitosa en un tiempo óptimo:

  1. Adecuada identificación y seguimiento de la lesión desde el primer momento
  2. Medidas de recomendación llevadas a cabo de manera estricta por parte del paciente
  3. Importancia de la malla compresiva Coreevo en la aceleración del proceso de regeneración lesional, y en la posterior vuelta al entrenamiento favoreciendo la sensibilidad propioceptiva del paciente y ejerciendo labores de compresión sobre la zona afectada.
  4. Respeto de plazos de recuperación
  5. Adecuado tratamiento de fisioterapia
  6. Entrenamiento y distribución de cargas de manera progresiva

El paciente, antes de concluir la cuarta semana después de la rotura, empezó a entrenar. Un trabajo liviano de bicicleta estática sin apenas carga y un trabajo de propiocepción adecuado. En su primer día de la cuarta semana, el paciente tiene la aprobación por mi parte para poder realizar un rodaje sobre terreno llano, con ritmos por debajo sus habituales y con un tiempo máximo de 50 minutos. No presenta dolor el día siguiente a su realización.

Artículo redactado por:

Carlos Cumplido Trasmonte


MSc Neurocontrol motor. Experto en fisioterapia del deporteCPFCM nº 12.444


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