EL VALOR DE UNA CARRERA

Cuando decidimos cuál será nuestra siguiente carrera hacemos una pequeña lista mental en la que incluimos la distancia, la zona, el tipo de carrera, los premios, los corredores que nos encontraremos y varios detalles más.

Entre esos detalles se encuentra el precio que pagaremos por la carrera, algo que conlleva otro pensamiento: ¿es justo el precio que pagamos por aquello que recibimos?

 

Todo en esta vida tiene un valor y este valor normalmente no se suele poner al azar. Hay factores que determinan el valor, otra cosa es que estemos dispuestos o no a pagarlo.

Los organizadores a día de hoy tienen que luchar contra una serie de elementos (peajes) que deben asumir si quieren que su carrera pueda pasar de ser un pensamiento, a una realidad. Estos peajes en muchos casos los ponen las propias carreras. La oferta y la demanda llegó no hace demasiado tiempo a al mundillo Running.

La variedad es tal que basta mirar cualquier calendario de carreras para poder comprobar que cada fin de semana podemos participar en una e incluso varias porque la media actual Española es de unas 10 pruebas cada fin de semana. De trail o de asfalto, un cross o una marcha, corta o larga, la variedad es altísima, lo mismo que la competencia.

Como os decía, las carreras tienen un precio y hemos de tenerlo en cuenta cuando pensemos en apuntarnos en alguna prueba. Os detallo los gastos fijos que tiene un organizador en una prueba de Trail de 400 corredores (precio por corredor):

 

  1. Seguro de R. C y accidentes: 3 €
  2. Médico: 1 €
  3. Ambulancia: 1 €
  4. Dorsal: 0.5 €
  5. Web y gestiones, diseño y speaker: 2 €
  6. Avituallamientos: 1 €
  7. Voluntarios y personal: 4 €
  8. Merchandising: 5 €
  9. Tasas y Ayuntamientos: 2 €
  10. Comida post carrera y avituallamiento final: 3 €
  11. Cronometraje: 1 €
  12. Servicios fotográficos: 0.5 €

Estos gastos hacen un total de 24 € pero hemos de tener en cuenta que siempre surgen más adicionales con los que no se cuentan pero que hay que tener muy presente.

Debido a la masificación de carreras, se ha puesto complicado llenarlas y eso le supone a los organizadores en muchas ocasiones la pérdida de dinero. Hay corredores que no lo creen pero es una realidad. Algunos organizadores realizan circuitos de carreras, de ese modo compensan las ganancias de unas con las perdidas de otras.

Por el contrario, hay carreras extremadamente rentables. 

Suelen ser carreras de asfalto, realizadas en grandes ciudades, con con un número muy elevado de participación y con grandes marcas como patrocinador principal. Esto ya no se considera una carrera, se considera un negocio. Es negocio no solo para el organizador sino para aquellos que son capaces de sacar provecho del evento. Hoteles, transportes, marcas deportivas, restaurantes, servicios y un muy largo etcétera.

Pongamos como ejemplo la popular maratón de Valencia, este multitudinario evento ha tenido un impacto económico que ha superado los 10 millones de euros.

Crece y crece a un ritmo desorbitado. Si miramos unos años atrás, cuando la mayoría de los corredores actuales llevaban pañales e incluso muchos no habían nacido, cuando en Barcelona se celebraban en torno a 4 carreras populares al año, hoy en día entre asfalto y trail se celebran más de 250, sin contar un número muy elevado de carreras pequeñas que aparecen y desaparecen.

Es normal que muchas de estas carreras no se llenen y que ocasionen perdidas a sus responsables, es casi imposible que todos los eventos que se crean tengan corredores suficientes como para que sean un buen negocio.

MARXA DELS CASTELLS

Dicen que con el paso de los años, nos hacemos más selectivos.

 

Precisamente es lo que me pasa con las carreras.

Alfalto, montaña, caminos, alta montaña… cada prueba tiene algo especial, algo que hace que nos apetezca correr, algo que nos llama la atención.

Personalmente prefiero la montaña. Tiene algo especial, algo que me llena, algo que me permite estar durante horas corriendo. Soy corredor pasional, necesito pasión para poder correr, necesito sentir para poder correr.

Cuando busco entra las miles de carreras que hay en España, intento elegir la más apropiada. Intento elegir un municipio que me permita llegar de una manera rápida y sin muchos trasbordos. Que tenga buena comunicación y que no me suponga un día entero llegar a el.

No siempre son las carreras más populares o prestigiosas, no siempre son las más multitudinarias pero he llegado a una conclusión después de largos años de competiciones.

“Las mejores carreras son las que se organizan con cariño”

Este fin de semana hemos estado en Lleida. 55 kilómetros en un recorrido circular con salida y llegada desde la universidad de Cervera.

Desde el pueblo ha visto crecer a Marc Márquez, comenzamos la XVII carrera/marxa dels Catells.

Mi segunda vez en esta prueba. Hace dos años me dejé caer por sus campos verdes y su magnifica gente. Entonces lo único que quería era correr rápido, correr, sin más.

Esta vez y en compañía de Mery, quería disfrutar de una de las mejores pruebas en las que he estado. Su recorrido está bien, es entretenido, quizás algo pesado para nosotros, pues es la montaña la que nos tira pero lo mejor de esta prueba lo ponen las personas que la forman.

Se desviven por intentar y, en este caso, conseguir, que cada uno de las 3.000 corredores y marchadores que allí estábamos, fuésemos protagonistas.

Servicios, voluntarios, recorrido, señalización, simpatía, amabilidad, puntualidad y seguridad, todo con un enorme DIEZ. Pero sin duda, lo que más me llamó la atención hace dos años y por ello este año no me podía permitir perderme, son sus avituallamientos.

Cuando he hablado de ello entre mis conocidos, siempre me he quedado corto, porque no es lo mismo contarlo que vivirlo.

Toda la comida que uno puede soñar, la tienen sobre sus 5 controles. Cargados de TODO, fruta, bebidas, dulces están entre sus muchos productos pero a todo esto, hay que añadir que cuando llegas a la mitad de la prueba, un montón de mujeres y hombres te están esperando sonrientes para decirte,

¿QUÉ QUIERES COMER?

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Cómo si de una boda se tratase, te ves rodeado de mesas repletas de comida. Separadas estas, por los diferentes tipos de alimentos que nos encontramos.

Con un enorme cartel en la entrada que te describe el menú del día.

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Caldo casero, bocadillos de bacon o butifarra acompañada de queso. Esto da paso a la debida refrescante para acompañar el generoso bocata. Saltamos de mesa en busca de aceite de oliva para el pan y unos porrones de vino para poder regarlo.

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Llegas a la mesa de los postres donde encuentras donuts a patadas, croissant de chocolate o azúcar, dulces de diferentes clases con chocolate caliente para que entre mejor, terrones de azúcar, miel, infusiones, té.

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Y si ves que te quedas con ganas de más o crees que necesitas algo para que todo se siente y poder seguir corriendo, ya casi en la salida del pabellón, te encuentras con la última mesa con licores.

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Pocas veces, quizás ninguna, he experimentado la sensación de comerme un bocata hecho con tanto cariño, mientras me ponen Reflex sobre mi rodilla lesionada y dolorida.

Pensamos, ¿a quién le apetece seguir corriendo después de todo esto?

Pues la respuesta es fácil, a todo el mundo porque unos pocos kilómetros más adelante nos vamos a encontrar con otros 2 avituallamientos cargadísimos.

Llegamos al penúltimo control y una mujer me mira, me dice que se acuerda de mi, del “Madrileño”, me encantó verla. Unos pocos kilómetros más tarde y ya en el último control, otra sorpresa. Dos mujeres que nos ofrecen agua y dulces resulta que habían vivido a unas calles de mi trabajo. Con un “ya nos veremos” seguimos nuestro camino.

Ya en Cervera, después de 55 kilómetros recorriendo sus caminos, pensamos en lo sucedido. Una carrera sin premios con forma de trofeos pero una carrera sorprendente, cargada de buenas personas que crean en todos los que allí hemos estado, unos momentos impresionantes.

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¿ ERES CONSCIENTE DE TU SUERTE ?

 

Muchas veces no somos cocientes de la suerte que tenemos.

 

Cuando estamos en casa preparando nuestra ropa para salir a correr, ya sea en una carrera o entrenamiento, nuestra mayor preocupación es pensar el tiempo que hace fuera para elegir la ropa.

Pensamos sobre el ritmo que queremos llevar, sobre el recorrido, quizás sobre el dolor que tengo en un gemelo o sobre millones de cosas que nos hagan disfrutar de nuestra carrera.

¿ Y si estuviésemos enfermos y nuestra enfermedad nos lo pusiera difícil de verdad ?

Mi amiga Begoña está enferma.

Su enfermedad es Neuromielitis óptica (NMO). Es una enfermedad que consiste en la inflamación secuencial y recurrente del nervio óptico y la médula espinal.

Vivir con esta enfermedad es muy complicado y extremadamente doloroso.

El domingo pasamos una estupenda mañana corriendo en la casa de campo de Madrid. Tomas, Borja (pareja de Bego), Juan, Julito,  Gustavo y Yo acompañamos a Bego en los 10 kilómetros del trofeo Akiles.

Al terminar le pedí a Bego que escribiese las sensaciones que había tenido durante la carrera. Le hizo mucha ilusión escribir para que todos podáis ver y sentir lo difícil que es correr con su enfermedad o con cualquier otra.

Mientras leía el escrito que me mandó pensaba que no lo iba a publicar.

Ella es tan humilde y sencilla que no piensa en la proeza que tiene vivir como vive ella.

Esta mañana le he pedido permiso a Borja para cambiar el escrito, para que podáis verla como la veo yo, como todos vemos a Bego:

Tengo que retroceder apenas pocos meses para ver a Bego como empezaba a trotar sobre la cinta del gimnasio. Mi padre fue quien le apretó para que corriese un poco más. Quizás sea por la fantástica conversación que él proporciona que te anima para conseguir cualquier cosa. Eso es lo que le pasó a Bego. En apenas unas semanas llegó a sus primeros 6 kilómetros.

Un día detrás de otro, un entreno constante, guiado y no demasiado duro conseguiría que ella pensara en hacer una carrera. Algún día tal vez.

Como todo en esta vida pasa por algo, el destino haría que Bego, esa niña dulce y tierna que siempre tiene una sonrisa fuese la encargada de llevar en la primera carrera de montaña de su chico Borja. Si darse cuenta o más bien, sin pensar en lo que estaba haciendo, entraron en meta de la mano y con casi 25 kilómetros.

No os podéis hacer una idea de como llegó pero no penséis que perdió la sonrisa en ningún momento.

Los días posteriores a un esfuerzo grande son demasiado costosos. Apenas puede andar con normalidad, está agotada.

Otra de los síntomas que esta enfermedad le provoca es que apenas siente los dedos de los pies, toma una medicación muy fuerte para poder contrarrestar los dolores en la médula. Esto supone que está siempre muy baja de defensas, se constipa con mucha facilidad.

En octubre corrió los 10 kilómetros de Bilbao.

Este domingo tocaba Akiles. 10 kilómetros en la casa de campo. Quisimos acompañarla. 

Después de un café nos pusimos debajo del arco de salida, realizamos el ritual de “correrporquesi” que es abrazarnos todos antes de empezar y esperamos el comienzo.

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Borja es su fan número 1, no pasan ni 300 metros antes de que suelte otro comentario positivo hacia ella. Una conversación perfecta es lo que recibió de todos sus compañeros.

Es lo que tiene este grupo, que en todo momento te sientes respaldado, seguro, entretenido, animado y muy querido.

El estado de Bego en los últimos kilómetros era complicadillo. Con grandes síntomas de cansancio y de desgaste. Todos veíamos que le estaba costando mantener el tipo. 10 kilómetros pueden parecer pocos a muchos pero a otros les puede parecer un Ultramaratón.

Con el apoyo de todos, Bego aumentó el ritmo en el último kilómetro. Nos llevaba casi volando. Ella no es consciente de la enorme admiración que todos sentíamos. 

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Llegamos a los últimos metros de la carrera. Le digo a Borja que le de la mano y se pongan delante, que disfruten este momento en pareja. Nosotros custodiábamos su amor.

Vestidos de color rosa entramos por línea de meta, todos cogidos de la mano, como un equipo, como un grupo, como una Familia.

Nuestra carrera ha terminado pero para bego aún continúa otra. Mucho más dura, mucho más costosa que hacer 10 kilómetros.

Apenas podía hablar, le temblaban las manos, dolorida de abductores, sentada en el frió suelo de la casa de campo. Lo que no le dolía era el corazón. 

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Pletórica me comentaba la próxima carrera que quería hacer. Con mi mano en su hombro le dije que la próxima sería comerse la uvas de año nuevo, luego ya veríamos.

Tardará 3 o 4 días en recuperarse del esfuerzo para posterior comenzar ora vez a entrenar. Despacito, sin prisa pero sin pausa.

Esta historia no es para sentir lástima de Bego y de las personas que por distintas enfermedades no pueden o les cuesta mucho hacer deporte. TODO LO CONTRARIO. Esta historia es para que aprendamos algo, para que nos sintamos privilegiados.

Privilegiados de poder decidir lo que hacer, lo que correr o donde correr.

 Dentro de pocos meses hará 3 años de su primer ingreso en el hospital. Le azotó tan fuerte la enfermedad que estuvo en silla de ruedas. No siempre querer es poder. Ella es un gran ejemplo de que luchando tenemos más posibilidades de conseguirlo.

Bego entró por debajo del arco de meta acompañado de su pareja, custodiada por sus amigos, con un tiempo de 56 minutos en una carrera dura para ser asfalto ya que cuenta con varias cuestas que dificultan el avance.

La próxima vez que entres por debajo de la línea de meta de cualquier carrera recuerda esta pequeña historia. Piensa que correr no es solo correr.

No solo ganan los que entran primeros !!