MAÑANAS CORRERPORQUESI

Una vez se demuestra que cuando algo e gusta de verdad no pones excusas.

Suena el despertado a las 7:43, lo apago y me doy la vuelta para treinta segundo después apoyo los pies en el suelo mientras pienso en las palabras de mi tío Anselmo “tus amigos siempre llegan tarde” conociendo a mi tío cualquiera se queda en la cama.

Para no molestar a los que duermen, me bajo sigiloso a la cocina y preparo mis tortitas de avena. Este desayuno se ha transformado en imprescindible, tanto que cuando viajo a alguna carrera me lo llevo.

Salgo fuera para contemplar cómo se levanta Serranillos y pienso mientras sonrío, “en mis carreras siempre llueve” y esta vez no iba a ser menos.

Ducha y me visto de Correvo mientras abrocho las Mizuno recuerdo cómo estaba unas noches antes el camino, completamente embarrado nos lo vamos a encontrar hoy, seguramente no podamos hacer las cárcavas ya que ese terreno se pone más resbaladizo que una pista de hielo y si bajar será difícil, subir será un suplicio.

Cierro la puerta de casa para tener que abrirla de nuevo, la basura, cosas que tenemos que hacer los mortales, seamos o no Runners.

El cielo no nos va a dar tregua, menos mal que he traído la chaqueta Land. Chaqueta que no dejará a ninguno de is compañeros al ver rebotar las gotas contra ella un poco más tarde.

Más de 20 nos hemos juntado esta mañana de domingo fría, entre nosotros la única valiente Beatriz, miro su cara y veo las dudas que pasarán por su cabeza por ser la única fémina. Me pregunta por más chicas y respondo con velocidad y sin importancia para que no piense eso que seguramente está pensando, de aquí ya no se va nadie, es lo que pienso yo. NUNCA he dejado a nadie que se sienta solo o que sienta que sus tiempos o ritmos no son los apropiados, es correr lo que nos gusta, no correr rápido, estas serían mis palabras más tarde cuando regresábamos los dos juntos.

Mientras calentamos con los primeros kilómetros nos ponemos al día los desconocidos. Es lo bueno de correr con buena gente que en segundos somos compañeros para terminar el entreno siendo buenos conocidos.

Lluvia, mucha lluvia nos cae pero no achanta a ninguno, todo lo contrario, anima al grupo para seguir haciendo eso que nos gusta. El barro será el otro compañero que acompañará a cada uno de nosotros durante todo el recorrido.

Como pensaba, las cárcavas para otro día, no hay corredor que pueda subir por ellas esta mañana. ¿Para qué pagar una pasta por una Spartan si la hoy la tenemos gratis? les digo mientras intentamos sortear un camino imposible de seguir.

Una foto en la que no salimos todos por haber tenido que regresar alguno de ellos, antes de comenzar esa subida que pone a todos en su sitio y más un día como hoy.

Una vez terminamos, continuamos con el ritual de este grupo, tomar unas cervezas, tanto nos gusta que viene gente que incluso no ha corrido. Durante las cervezas y los cafés alguien dice que podríamos repetirlo, al menos, una vez al mes. El mismo que lo propone comenta que tendríamos que ponerle nombre y continúa diciendo, tú tienes el nombre perfecto para esto…

CORRERPORQUESI.

No se cuando será la próxima, lo que si tengo claro es que la próxima vez que se haga, QUE NO TE LO CUENTEN…

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¿La próxima vez te animarás?

CRÓNICA DE UNA CARRERA

San Silvestre Humanes de Madrid, 26 de diciembre de 2014.

Había planeado correr al lado de Tomas una semana anterior pero por diversos motivos no pudimos llevarlo a la practica. Quería correr con el porque Tomas es una persona de los que aparecen en tu vida y se quedan para siempre. Tanto el como su mujer y su hija aparecieron un día en el gimnasio, querían apuntar a su niña para Hacer Kick Boxing y en nuestra conversación apareció la palabra mágica “correr” y como no, nuestras conversaciones se hicieron infinitas. Tomas había empezado a correr apenas unos meses atrás, ahora llevará algo más de un año. Por aquel entonces el fumaba en exceso, alguna copilla de más y una vida demasiado sedentaria. Se acercó a comprarse unas zapatillas y empezó a correr por un parque cercano a su casa. El no lo sabía pero le había picado el gusano del Running, si ese gusano te pica date por perdido ya que tu vida cambiará, tanto que hasta tu forma de vestir lo hará.

La cuestión es que había conseguido un estupendo nivel. En unos meses hará un año de su primera carrera, le había convencido para apuntarse a correr al lado de Jose. Se les dio muy bien y a Tomas le afloraron aún más las ganas por la competición y con ello llegaron los problemas.

Seguía entrenando, corría en la calle y complementaba los entrenamientos con ejercicios en la sala de musculación y series en la cinta. Decía que llegaron los problemas porque el “ego” llegó a la misma velocidad. Queremos ganar, queremos ser mejores, no los mejores pero sí mejor de lo que somos, ponemos los listones a un nivel que es casi inalcanzable, somos tan “chulitos” que creemos que dedicándole una hora al día llegaremos a ser igual que esas personas que dedican casi todo el día y además es su trabajo, GANAR ESTÁ AL ALCANCE DE MUY POCOS, DISFRUTAR… AL DE TODOS.

Con esto no quiero decir que esté mal esta forma de pensar y que intentemos ser mejores y más rápidos en realidad yo soy el primero en querer mejorar pero conozco mis límites y, los de mi cuerpo y los de mi cabeza, ya he pagado anteriormente las consecuencias del “ego”

La cuestión es que después de charlas , conversaciones y entrenamientos fui yo el que le puso el tiempo a batir en esta carrera, en una similar unos meses antes y corriendo en solitario el pensaba bajar de los 32 minutos pero no pudo ser y la decepción apareció en su cabeza. Pero esta vez sería diferente, correríamos en compañía, sería mi tío Anselmo, Miguel amigo de mi tío, Tomas y yo. Unos días antes planeé una salida mi tío el y yo para que Tomás pudiese conocer el ritmo de mi tío y saber lo que podría dar de sí.crónica de una carrera, correrporquesi, humanes de madrid

 

Llegó la hora, eran las 18:40 cuando comenzamos a cambiarnos de ropa y a colocar el dorsal en el pecho. A falta de unos minutos de las 19:00, hora de la salida, estábamos trotando para calentar, era una tarde fría y no quería que nadie saliese sin calentar. Julito nos acompañó, el correría sin dorsal y un poco a su bola. Hora de la salida, nos colocamos en la línea de salida, justo los primeros. Pistoletazo y salimos cuesta arriba para encarar las 2 vueltas y media que tendríamos que dar en la carretera principal para sumarle medio kilómetro más y llegar a la línea de meta. Muchos corredores rápidos nos adelantan pero no importa ya que ellos corren en la categoría de veteranos y serán un par de ellos los que van delante nuestro. Me despreocupo del ritmo de mi tío para centrarme en Tomas, no quería que se descolgase de nosotros, si soy capaz de motivarle lo suficiente el conseguiría disfrutar y entrar por debajo de los 32 minutos.

Cuando llevábamos la mitad de la carrera comprobé que Tomas conseguiría su objetivo o quizás era mi objetivo para el, tenía muchas ganas de que consiguiera bajar el tiempo pero no quería que solo lo bajase, también quería que disfrutase. En una carrera se sufre pero también se disfruta y si no eres capaz de sentirlo no será una carrera perfecta. Esta carrera lo está siendo, está siendo perfecta, puede ver en su cara el sufrimiento por el ritmo al que mi tío le está llevando pero también veo en su cara la alegría por estar ahí y ser capaz de seguirlo.

Anselmo estaba rodando a un ritmo constante como es habitual en el, manteniendo el ritmo de principio a fin, dejando algo de energía para los últimos metros. El estaba haciendo los deberes y controlaba al que estaba siendo su único rival en la carrera. Yo mientras seguía preocupándome por Tomas, el ritmo para mi era muy cómodo además es una carera muy corta para mi forma de correr. Tomás continuaba pegado a mi tío, estábamos casi en el final de la carrera, Tomas se separó unos metros ya que mi tío quería dar alcance a su rival y había incrementado un poco el ritmo. Yo continuaba animando a Tomas, ahora más que nunca necesitaba de estos ánimos para poder llegar a la meta sin perder la sonrisa, no sabía cual era el tiempo pero intuía que llegaríamos antes de lo establecido. crónica de una carrera, correrporquesi, humanes de madrid

Giramos a la derecha y encaramos la subida que daría paso a la línea de meta, miro para atrás y no veo a Tomas, se había descolgado un poco pero sabía que sería capaz de apretar los dientes en la u´tima subida y entrar a tope, a mitad de la subida le veo con el rabillo del ojo, le veo con ganas, su cara demuestra que quiere y que lo va a conseguir. Le doy la mano a mi tío, levantamos los brazos y le brindo la carrera al de siempre, me acuerdo una vez más como lo he estado haciendo durante la carrera de el, estará allá mirándonos, animándonos, sonriendo con nosotros, dando la enhorabuena a nuestro tío por haber conseguido un estupendo 4º puesto, gritando a Tomas para que apriete los últimos metros y con ello consiga entrar con un tiempo de 30´53″. El siempre está, le llevo conmigo cada vez que me abrocho las zapatillas, le siento cada momento.

¿Qué hemos conseguido?

Para muchos habrá sido una carrera más pero no para nosotros.

Para Tomás ha sido el broche final de un año estupendo, ha dejado casi de fumar, está y se siente mucho más sano. Verle disfrutar y reír junto a su mujer hizo que yo me llenase de alegría, verle conseguir su objetivo ha sido estupendo para mi, en parte me siento un poco responsable de ello ya que hemos luchado día ras día para conseguirlo. Me siento muy orgulloso de ti, no por haber mejorado el tiempo sino por haber disfrutado como te mereces.crónica de una carrera, correrporquesi, humanes de madrid

Para mi tío Anselmo creo que tampoco ha sido una carrera más, haber corrido al lado de su sobrino ha sido algo bueno, hemos entrenado juntos en varias ocasiones y hemos cerrado este año corriendo juntos. Estoy convencido y esto lo digo en crítica cariñosa hacia mis primos que el hubiese preferido correr junto a ellos, para otro año ya sabéis, aplicaros.crónica de una carrera, correrporquesi, humanes de madrid

Para mi tampoco ha sido una carrera más, cada carrera es especial, cada momento es único y cada persona me aporta algo nuevo. Finaliza un año deportivo que ha sido muy bueno. He conseguido premios, he conocido a gente maravillosa, he disfrutado de la buena compañía de todos los que habéis compartido una zancada a mi lado. He aprendido de mis errores y he podido corregirlos para que otros no tengan que sufrirlos.crónica de una carera, correrporquesi

Para un año que ha sido mejor deportivo que emocional, para un año en el que he crecido como persona, como deportista, como compañero, como amigo. Para un año que ya no se repetirá nunca porque la vida me ha enseñado que cada instante es único, que no merece la pena vivir si no te sientes vivo.

GRACIAS A ESTE PEQUEÑAJO ENCUENTRO MI RECOMPENSA !!

 

UN DOMINGO CUALQUIERA

Habíamos quedado temprano. No recuerdo la hora con exactitud pero supongo que sería sobre las 9 o 9:30 en Carranque.

Recuerdo sentarme en el coche con los pantalones cortos y sentir frío. No estaban siendo unas noches demasiado frías pero a esas horas y con apenas unos minutos de haberme duchado, mi cuerpo tenía la piel de gallina.

Escasos 9 kilómetros separan su pueblo del mío y tarde relativamente poco en llegar, creo que a la calefacción del coche ni si quiera le dio tiempo a calentarse.

Aparque en su puerta y le vi a unos metros de distancia, vestido de deportista y paseando a sus perros. Un pantalón corto a juego con unas perneras de color negro, camiseta de color naranja de manga larga Mizuno y una gorra del mismo color que los pantalones, recuerdo perfectamente porque su ropa porque yo se lo había regalado.

Mi atuendo para ese día había sido una camiseta técnica como la suya pero de color negro y verde, pantalón corto y perneras también de color negro. Llevábamos las mismas zapatillas. Vestidos de Mizuno, vestidos de hermanos.

Mientras terminaban los perros de hacer su paseo matutino nosotros charlamos amistosamente, de todo y de nada, de mil cosas con sentido y de otras mil sin ninguno. Cerró la puerta del garaje dejando los peros dentro, le di la llave del coche para que la dejase en casa y así no me molestase mientras corríamos.

En la cabeza teníamos la próxima cita. Pensábamos en Peñalara. Carrera de 60 kilómetros por la sierra de Madrid con subida a su cima más alta.

Puede que al final no se hubiese animado a correr conmigo o que le hubiese surgido algo pero durante nuestros entrenamientos algo había cambiado en su interior, tenía muchas ganas de correr a mi lado y para mi era lo mejor del mundo, correr a su lado no tenía precio por un millón de motivos.

Motivos que hacían que me aplicase y entrenara con ganas. Habíamos salido del pueblo y con ello del asfalto, entrando en un camino duro, muy usado por vehículos. Poco a poco íbamos dejando atrás la civilización para adentrarnos en caminos solitarios, caminos de buenas conversaciones, nos dejábamos llevar y parecía que volábamos por ellos.

Cruzamos un puente, apenas se dio cuenta, me decía que íbamos muy rápido pero se encontraba cómodo, corría a una velocidad alta porque le estaba dando la chapa y poniéndole la cabeza como un piano con mi charla continua, en realidad lo hacía precisamente para eso para que se olvidase de donde estaba y solo moviese sus piernas.

Tenía que prepararle para poder aguantar la exigente carrera de Peñalara.

Una bajada pronunciada nos adentró en un lugar mágico, un lugar entre pinos. Ahora mismo, mientras estoy escribiendo, voy recordando perfectamente el sonido de nuestras pisadas sobre las Acículas, hojas puntiagudas que caen de los pinos y que tenían cubierto por completo el camino. También recuerdo perfectamente el olor que allí, los dos solos, estábamos experimentábamos.

el último domingo correrporquesi

Salimos de ese hermoso lugar que por siempre ha quedado grabado en nuestras cabezas, llevaríamos unos 7 u 8 kilómetros.

Se estaban haciendo muy cortos gracias al buen royo y a el ambiente tan perfecto que se había creado a nuestro alrededor.

La mañana no era demasiado fría, el sol no había aparecido pero la ropa que llevábamos nos estaba manteniendo calientes.

Al salir del pinar nos colamos por un camino que los dos sabíamos  que no era el apropiado pero en realidad nos daba lo mismo ya que no teníamos pensado por donde iríamos, que cantidad de kilómetros recorreríamos y cuando dejaríamos de correr. nuestro último domingo, correrporquesi

Como decía el camino no era el adecuado ya que nos dimos de bruces con un sembrado.

Nos paramos, nos miramos y se dibujaron risas en nuestras caras al contemplar donde estábamos.

¿Dónde coño estamos y como coño se sale de aquí?, risas y más risas, nos contagiábamos el uno al otro de aquella situación.

Salir de allí era de dos únicas formas; desandar lo andado o continuar por el sembrado. Decidimos continuar, malcorríamos por aquel campo lleno de trampas producidas por matorrales y surcos hechos por los tractores que unos días antes tendrían que haber estado allí.

nuestro último domingo, correrporquesi

Era el quien iba retratando con su móvil estos momentos de domingo. Domingo inolvidable.

Cuando pudimos salir de allí dimos con una carretera, teníamos que atravesar un riachuelo seco para poder llegar a ella. Supongo que habríamos recorrido unos 17 kilómetros.

Habíamos regresado al pueblo sin saber muy bien por donde, la cuestión es que estebamos allí y sabía que el no tardaría mucho en decirme que ya tenía suficiente por ese día.

Intenté engañarle corriendo lo más lejos posible de su casa pero ya se ocupaba el de elegir las calles apropiadas para conseguir el efecto contrario.

Llegando a un polideportivo donde se estaría celebrando algún partido de fútbol de chavales, escuchábamos gritos de adolescentes. Fue allí donde puso el final de su carrera de domingo, el sabía que yo quería continuar pero yo sabía que lo tendría que hacer solo.

Recorrí unos 9 kilómetros más en solitario, durante ese recorrido no me percataba de lo que sucedería, me limitaba a correr pensando en mi próxima cita con la montaña.

Tenía ganas y esta sobrado de fuerzas y de ilusión. Dí una vuelta entre casas y caminos. Regresé por la carretera, era la manera más rápida de llegar hasta el coche, las ganas se habían ido apagando ya que la conversación, la buena conversación se había terminado. Continuaba corriendo sin saber realmente lo que era el silencio.

Ya en la puerta de su casa, llamé al timbre y tardó apenas unos segundos en abrirse de nuevo la puerta del garaje. Salió duchado y con ropa limpia. Los perros también salieron a la calle, estábamos allí el y yo otra vez, los dos solos en compañía de los cuadrúpedos.

Comentamos sobre los últimos kilómetros que había corrido en solitario, le dije que habían sido largos en comparación de los anteriores en su compañía. Terminamos la conversación y nos despedimos con un par de besos y un “luego te veo”.

Monté en el coche, puse la calefacción  para no quedarme frío y salí del las calles de su pueblo. Ya en la carretera, sólo, sin música, pensaba en el silencio.

Ese silencio que sin darme cuenta sería mi compañero de viaje para el resto de mi vida, porque como decía unas líneas atrás, no me percataba de que ese silencio se iba a quedar en mi vida para nunca marcharse.

Atrás estaba quedando una estupenda mañana de domingo, unos kilómetros de risas y de cariño.

Un momento mágico creado por alguien para nosotros, especialmente para nosotros, para dos hermanos, para dos amigos, para dos compañeros, para dos hermanos.

 

Esta había sido sin saberlo, nuestra última carrera.

 

Pensábamos en Peñalara, en correr allí juntos y allí decidí llevar un poco de el, dejandole contemplar lo más bonito de Madrid, haciendo con ello que ese lugar sea mágico para mi, para nosotros.

Allí, tan alto como está casi se puede rozar el cielo.

Allí. Cuando subo y grito su nombre, que quizá pueda escucharme.

Muchos dicen que  hay un antes y un después de correr conmigo, creo que ahí reside todo. Creo que ese domingo cualquiera fue el culpable de ese antes y después de correr conmigo, es en ese domingo donde todo estaba empezando a cambiar y donde no me percaté hasta que fue demasiado tarde.

De haberlo sabido o de haberlo intuido hubiese cambiado de conversaciones. Le hubiese dicho una y mil veces lo mucho que me gustaba correr con el y que sin el ya no es ni será lo mismo. Pero entonces ya no hubiese sido el mismo domingo.

Esta vida nos tiene preparados un futuro incierto, un futuro que no podemos imaginar, un futuro que tan solo podemos esperar, un futuro que tan solo podemos soñar…

 

Esperaremos nuestro futuro.

cuento de navidad, correrporquesi