SÉ EL DUEÑO DE TUS SUEÑOS

¿ Seguro que esos pensamientos que colocas de cabecera, esos que antes de irte a dormir repasas y nada más levantarte tienes presente, esos pensamientos que para muchos se transforman en sueños, son tuyos ?

Cada vez escucho las palabras retos y sueños como parte del vocabulario diario de muchas personas. Colocamos esas palabras como principal fuente de energía a la hora de entrenar, de mejorar y de avanzar.

En realidad es así como nos enseñan que sea. Cada día aparecen más artículos relacionados con este tema. Como trabajar la mente, como aguantar lo inaguantable, como seguir cuando ya no puedes mas. Para ello suelen recomendarnos usar frases motivadoras, frases que nos pongan los pelos de punta con el mero hecho de pronunciarlas, motivación total.

No creo que esté desacertado, puesto que cada cual tiene sus pequeños trucos para esto. Todos tenemos en nuestro rincón de la cabeza las palabras mágicas que nos ayudan a dar un poco más de nosotros mismos. A continuar cuando pensábamos que ya no podíamos hacerlo. A salir de ese agujero donde nos hemos metido y sin la fuerza mental no seremos capaces de hacerlo.

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Como decía, no creo que estas lecturas estén desacertado pero pienso que muchas veces no somos realistas con nosotros mismos. Creo que esos sueños, esos retos personales no han salido de nuestras cabezas, creo que han salido de libros, de revistas o de las cabezas de otras personas.

En muchas ocasiones nos ponemos metas que nuca habíamos pensado hacer pero que tenemos que conseguir porque “tal o pascual” lo han hecho antes que yo. Nuestros pensamientos ya no son nuestros, simplemente son copias. 

Estos artículos que leemos nos enseñan como seguir y continuar pero no nos enseñan como y por qué hemos llegado allí. Tenemos que salir de sitios donde es posible que no nos gustaría estar. No siempre es satisfactorio hacer una carrera donde tengo que sufrir en exceso, donde tengo que incluso llegar a llorar por no poder más, por no poder continuar y por maldecir en muchas ocasiones el estar allí.

Se de lo que os hablo cuando os digo que no es agradable, estar en una montaña, solo o con compañía a la que no quieres hablar o escuchar, porque en esos momentos de bajón no te apetece nada, con frío o con calor, con hambre o harto de comer, en esos momentos no es agradable nada, no te sientes bien y estás enfadado con el mundo. Es en ese preciso momento donde piensas qué haces ahí !! 

Salir de ese momento de mal estar físico-mental es muy complicado si los motivos que te han llevado hasta allí no son tuyos, si no es tu pasión, si no son tus ganas, si no son tus sueños. Sé dueño de tus actos, sé el motivo de tus actitudes, de tu forma de entender el deporte, aléjate de las modas y sé el jefe de tu vida.

Cuando nos encontramos en esos momentos difíciles, no solo en el deporte, también en la vida, salir de ellos será mucho más sencillo si los motivos tú los has pensado, imaginado o soñado. Entonces sí servirán esas palabras mágicas de auto-ayuda, esas palabras te darán la fuerza mental que hará que tu cuerpo pueda seguir continuando lo que pensabas que ya serías capaz, entonces sí merecerá la pena.

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Cuando tranquilo y solo te encuentres, piensa, en lo que te ha costado, en lo mucho que has sufrido, en lo mucho que has llorado, solo en ese momento entenderás que tiene sentido tanto sufrimiento.

Es mas sencillo salir de tus sueños que delas pesadillas de otros.

BUENA LECTURA – ¿ A qué suena el silencio ?

 

Lee atentamente este texto, son partes de mi libro – ¿ A qué suena el silencio ? – son párrafos sueltos que juntandolos muestran un poco el contenido del libro. Muchos ya lo habéis leído, muchos me habéis animado a publicarlo a un nivel más grande pero he decidido que por el momento siga siendo algo personal, algo que solo pueda leer la gente que me conoce. Este libro se ha escrito como el texto que a continuación puedes leer, sin orden aparente pero que juntando párrafos, ideas, pensamientos puede conseguir ser la vida de cualquier persona.

La felicidad es algo que no crece en los arboles, tienes que luchar por conseguirla, tienes que buscar en cada rincón de tu interior, soy consciente de que no es sencillo, soy la prueba de ello, me cuesta horrores sonreír y poner buena cara en muchas ocasiones pero siempre existen motivos para intentarlo.

a que suena el silencio, el libro

 

 

Sólo soy un hombre
y como hombre hablo.

 

¿Qué es el deporte?
La Real Academia Española, en su diccionario, dice que es una actividad física ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. La Carta Europea del Deporte lo define como todas las formas de actividades físicas que mediante una preparación organizada o no, tienen como objetivo la expresión de la mejora de la condición física o psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en competición de todos los niveles.

Tenemos que buscar ese punto en el que dejamos de ser deportistas para ser sedentarios empezando, otra vez, a movernos pero a movernos porque sí, sin ninguna razón aparente, y tarde o temprano la magia del deporte hará su aparición en nuestras vidas llevándonos a conseguir unas sensaciones que sólo el deporte es capaz de hacer que sintamos. Tenemos que empezar a querer ser deportistas para poder llegar a conseguirlo. Ése es el primer paso: querer. Aprendamos de los niños y empecemos a disfrutar de ello. Está claro que nuestro cuerpo nos lo agradecerá y la mente tardará poco en sentir sensaciones únicas.

Todo tiene un comienzo y a medida que avanzamos y mejoramos, intentamos que nuestros objetivos cambien. Ésa es la magia del deporte: que engancha. Nos hace sentir tan a gusto con nosotros mismos que no queremos dejar de practicarlo. Puede pasar que lo hayamos intentado y no nos enganche. Eso puede suceder por varios motivos: principalmente porque no sea el deporte de nuestra vida o porque el ambiente, el medio o la compañía no sea la adecuada. Para solucionar esto tenemos que probar, cambiar y nunca cerrar ninguna puerta.

Nada está demasiado lejos si queremos conseguirlo, pero mi consejo en esto es que hay que hacerlo disfrutando: si no disfruto, no tiene sentido seguir. Muchas veces fijamos unos objetivos y en la búsqueda de estos perdemos un montón de cosas y de sensaciones por el camino.
¿Es tan importante alcanzar ese objetivo que nos hemos marcado? ¿Y si para ello tenemos que dejar de lado lo que realmente nos da el deporte ese «chute» de adrenalina que recibimos al practicarlo, esa sensación tan placentera que sentimos cuando salimos a correr o cuando escalamos una pared o simplemente cuando nos cansamos? ¿Es más importante entrar primero o ser el más rápido escalando o es mejor disfrutar de la carrera o de cada grieta que me encuentro escalando una pared? Decidir esto es cosa de cada uno. Está claro que el deporte crea adicción y también nos hace más competitivos, pero el verdadero secreto es disfrutar antes, durante y después de hacerlo.

¿Qué placer puede provocar el sufrimiento? ¡Qué gran pregunta! Para mí es mucho el placer que provoca. ¿Estoy loco
por decir esto? ¿El dolor es placentero? Sí, es la respuesta cuando hablo de deporte. Esto es una de esas cosas que no soy
capaz de explicar, quizá porque no tenga explicación o quizá porque para poder entenderlo tendrías que sentirlo. El sufrimiento consigue llevarte a unos niveles que sólo eres capaz de conseguir sufriendo y esto es igual para todo, no sólo en el deporte, también en la vida: cuando sufres haces, dices y sientes cosas que jamás hubieses hecho, dicho o sentido si el sufrimiento no te hubiese llevado tan lejos.

Le pese a quien le pese y salvo enfermedades o discapacidades que nos lo impidan, el deporte es salud. Esto no significa que sea la solución a todos los problemas físicos, pero que ayuda a prevenirlos está más que demostrado.

Si respetamos los principios básicos sobre alimentación, ejercicio y descanso, podremos llegar a lograr esos
12 objetivos que nos marcamos como prioritarios.

Ese 43 ha cambiado mi vida y con ello la de todos los que me rodean, ya que nunca seré el mismo.

Estaba inmóvil, completamente erguido y la sensación que tuve en ese momento es que la vida se había ralentizado, casi al punto de pararse. Mi confusión era tal que apenas podía pensar. Le quité el rollo de las manos y lo puse en el mueble sin apartar mi vista de sus ojos, esos ojos que me lo estaban diciendo todo y en los que no fui capaz de percibir la respuesta a lo que sucedía. Llevé mis manos a su cara y le pregunté si estaba bien. Me sentía tan confuso que no sabía por dónde tirar o qué hacer o pensar.

Mi confusión y mi estado de nervios eran tales que me ahogaba. No sabía qué hacer. No sabía qué decir. No encontraba
respuesta o decisión acertada en mi cabeza para poder continuar. Estaba de rodillas junto a él y no era capaz de nada más y el tiempo, el puto tiempo, no dejaba de proseguir su camino…

—¿Qué me pasa Raúl? No había ruido. No había nadie, sólo él y yo, los dos solos en el lugar equivocado.
—Tú tranquilo Divi —le comenté con voz relajada—. Te vas a poner bien —pero mi voz no acompañaba a mi rostro.

¿A qué suena el silencio? Ésta es una pregunta con miles de respuestas.

Zancada tras zancada me acerco al final, a un final que no quiero que llegue. Estoy bien aquí. «¡Mientras corro no lloro!»

El hospital es la parte más agotadora de esta historia. Es esa parte que quieres quitar de tu mente, empleando para ello todas tus fuerzas, lo cual tiene como consecuencia perniciosa el «efecto boomerang» y te da de cara todos los días.

—Hola Divi. ¡No me esperabas esta noche! En un segundo saltaron las alarmas: él supo que yo estaba allí…

¿Quién era capaz de meterse en la cama y dormir? ¿Qué iba a hacer, tumbarme, cerrar los ojos? Sólo veía hospital, sufrimiento,dolor, pena… sabiendo que mi hermano, al que tanto quería, no estaba tranquilamente en su casa viendo alguna película,arropando a su niña o durmiendo plácidamente en su cama —¡qué duro!—.

Y en muchos momentos me preguntaba «¿Para qué entreno tanto?». Pero la respuesta a esa pregunta me llegaba al instante de calzarme las zapatillas. Sé que mucha gente no compartiría esto, que para ellos sería mejor quedarse en casa o no hacer nada cuando no se tienen ganas de nada, pero yo sentía todo lo contrario: sentía la necesidad de entrenar, sobre todo de correr —correr hace que no pueda estar sentado. Estar sin hacer nada es muy difícil para mí, eso hace que no pasen las horas y estar sin hacer nada hace que me sienta peor—.

Le llevaba y llevo a mi lado. Corría y corre conmigo. Hacía y hago de mis pasos sus kilómetros. Esta vida es para valientes. No podemos ni sabemos escondernos.